Juan el Bautista da una advertencia contundente: la ira de Dios es real, y la preparación comienza con el arrepentimiento. El arrepentimiento es más que sentirse mal o disculparse; es una vida transformada que produce frutos visibles. Lucas 3 confronta la peligrosa idea de que la herencia, la familiaridad con la iglesia o las buenas intenciones pueden reemplazar el verdadero arrepentimiento ante Dios.
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