A los doce años, Jesús se encuentra en el templo, escuchando, haciendo preguntas y declarando su devoción a los propósitos de su Padre. Este momento revela que la fe y la misión de Jesús no surgieron repentinamente a los treinta, sino que se formaron mediante la práctica constante, padres fieles y una comunidad que moldea la vida. Lucas nos invita a examinar si nuestra fe se basa en la conveniencia o en la constancia, y cómo la transmitimos a la siguiente generación.
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